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Historia
de la investigación del arte rupestre en Colombia
Pedro María Argüello
García arguellopmag@hotmail.com
El presente texto fue elaborado entre
los años 1999-2000 como parte de la monografía titulada
"Arte Rupestre: estudio crítico de las interpretaciones"
presentada como requisito para la obtención del título
de Licenciado en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital Francisco
José de Caldas (Argüello: 2001). Para su publicación
en Rupestreweb, se ha llevado a cabo una nueva revisión,
resultado de la cual se han agregado algunas citas bibliográficas,
adaptado la redacción para convertirlo en artículo
e incluido algunas aclaraciones en la parte introductoria. Así
mismo, para facilitar la lectura y ubicación para el lector
se introdujeron gráficas y subtítulos referentes a
los autores estudiados.
I.INTRODUCCIÓN
Existe una gran cantidad de publicaciones
en las cuales se hace referencia a un sinnúmero de sitios
con arte rupestre en el país. En casi todas ellas se lleva
a cabo algún tipo de interpretación o explicación,
direccionada, lógicamente, desde el ángulo del cual
procede el investigador. Por poner solo un ejemplo, en 1985 el sacerdote
Fray Santamaría Puerto propuso que las pinturas rupestres
de un gigantesco mural (fig.1) ubicado en Sáchica (Boyacá)
eran tabletas con escritura hebrea que probaban la teoría
del poblamiento postdiluviano por parte de los nietos de Noé.
Por suerte, para el mural, la "teoría" del mencionado
sacerdote no fue tenida en cuenta por un grupo muy amplio ya que
el clérigo proponía despegar las tabletas para
poder hacer la lectura completa de las mismas.
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Fig. 1. Supuesta
escritura hebrea en el yacimiento rupestre de Sáchica,
Boyacá. Según transcripción de Fray Santamaría
Puerto, 1985 [1974].
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Este tipo de lecturas recuerda la
gran diversidad de versiones que existen acerca de ciertos monumentos
antiguos tales como las pirámides de Egipto o las líneas
de Nazca. Parece ser que esa posible lectura múltiple es
uno de los aspectos que definitivamente caracterizan el pasado,
exacerbado en tiempos recientes por la distracción posmoderna
y el advenimiento de grupos diversos que se legitiman a través
de una versión de la historia. Pero la utilización
del pasado según uno u otro tipo de interés no es
de ninguna manera un fenómeno reciente, parte de esas formas
de utilización con relación a la construcción
de las ideas de nación es una de las inquietudes que pretenden
abordarse de forma tangencial en el presente escrito. En otras palabras,
el análisis de las explicaciones que se han llevado a cabo
sobre el arte rupestre son un indicador de cómo las versiones
del pasado son utilizadas políticamente. Es por esa razón
que este texto toma en cuenta solo las explicaciones elaboradas
a partir de la segunda mitad del siglo XIX, época a partir
de la cual el pasado pudo ser un elemento central en la constitución
de la nación colombiana.
Independientemente de las visiones
políticas que son transversales al estudio del pasado en
general y del arte rupestre en particular, existe otra serie de
elementos que se pretenden abordar en éste texto y que son
aspectos recurrentes en la historia de la investigación.
En primer lugar está la casi absoluta ausencia de estudios
sistemáticos sobre el tema, lo que a nuestro juicio ha permitido
la elaboración de explicaciones insuficientemente argumentadas
o en donde la pobre base documental y teórica impide la sustentación
de las hipótesis planteadas. Como se podrá observar
a través de la subsiguiente lectura, en la mayoría
de los casos las apreciaciones sobre el arte rupestre se establecen
sobre aspectos que no pueden ser objeto de constatación o
cuya articulación es bastante débil.
Es importante tener en cuenta que
las elaboraciones sobre el arte rupestre van de la mano con las
teorías generales manejadas por la arqueología y la
antropología. Por citar un caso, se tiene que la tradición
histórico-cultural, ampliamente difundida y aceptada para
la explicación de las culturas indígenas colombianas,
produjo diferenciaciones tajantes de tipo cronológico y geográfico
por medio de las cuales se explicaron eventos característicos
del arte rupestre. La revalidación o crítica a nivel
general de estas teorías es un hecho que repercute en la
explicación de éste objeto de estudio en particular.
No obstante, y a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de
países latinoamericanos, en la historia de la investigación
del arte rupestre colombiano se asiste a una progresiva separación
de la investigación antropológica y arqueológica
con la que refiere al arte rupestre propiamente. A mediados del
siglo XX era posible cartografiar territorios culturales y atarlos
a objetos arqueológicos dentro de los que se encontraba el
arte elaborado sobre las rocas, cosa que hoy es imposible debido
a la revalidación de la escuela histórico-cultural,
pero ante la cual no se ha dado solución de continuidad respecto
al arte rupestre como objeto arqueológico.
Finalmente es importante hacer dos
aclaraciones. En primer lugar este texto no busca constituirse en
un tratado de carácter enciclopédico sobre la historia
del arte rupestre en Colombia, por lo cual no se hace aquí
referencia a todos y cada uno de los investigadores que en diferentes
épocas han trabajado el tema. La selección de un determinado
grupo de autores se ha llevado a cabo con base en criterios de popularidad
(las explicaciones que han sido más trascendentes para cada
época) y su revisión en ningún caso pretende
ser exhaustiva o comprensiva (no en todos los casos se resume detalladamente
el aporte de cada uno de ellos). En segundo lugar, la crítica
a los trabajos de una u otra época no busca otro fin que
develar las limitaciones explicativas como base para la postulación
de mejores y más sólidos elementos de juicio. Por
tanto, valga aclarar que el autor es el primero en reconocer el
esfuerzo de cada uno de los investigadores citados.
II.LAS PRIMERAS INTERPRETACIONES
LA COMISIÓN COROGRÁFICA
En 1850 bajo la dirección
de Agustín Codazzi y por petición del gobierno nacional
se dió inicio a la Comisión Corográfica. Su
objetivo fue realizar los levantamientos topográficos del
territorio nacional, hacer una descripción de las riquezas
naturales y llevar a cabo la estadística de la producción,
las manufacturas, la población, el comercio, la ganadería,
los terrenos baldíos, los animales y los climas. El secretario
de Codazzi, cargo desempeñado durante la primera parte por
Manuel Ancizar, tenía como labor describir las costumbres
de los habitantes, las razas, las curiosidades naturales y demás
circunstancias dignas de mención. Es en cumplimiento de dicha
labor que Ancizar escribe el libro la Peregrinación de
Alpha. Los intereses político-económicos basados
en postulados liberales requerían conocer la situación
del territorio nacional para, a partir de allí, tomar las
medidas del caso con las cuales insertar el país en el sistema
económico mundial. No son gratuitas las constantes referencias
que hace Codazzi al estado de las vías y las sugerencias
encaminadas a la conformación de una red vial que conecte
las distintas regiones del país. El interés por el
análisis de los recursos humanos, trabajo encargado a Ancizar,
buscaba medir en gran parte la capacidad productiva de las personas
de las diferentes regiones.
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Fig. 2. Izq.Piedra
grabada de Gámeza. Acuarela de Lázaro María
Girón, copia de la lámina de Carmelo Fernández,
del álbum de la Comisión Corográfica.
c.a. 1893. Museo Nacional de Colombia. Der. Piedra
pintada de Aipe. Comisión Corográfica c.a. 1850
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El panorama observado y consignado
por los miembros de la Comisión Corográfica era realmente
desolador. La falta de vías de comunicación producía
el aislamiento casi total de las regiones, impidiendo la entrada
de cualquier tipo de innovación; lo cual es afirmado en el
control realizado por la iglesia católica a quien tampoco
interesa algún tipo de cambio. Sumado a lo anterior, los
administradores estatales, carentes por completo de mentalidad progresista,
eran apáticos y negligentes con los problemas de las distintas
zonas. La imagen de cada pueblo visitado por la Comisión
Corográfica no es muy diferente entre uno y otro: una gran
iglesia rodeada de algunas casuchas aglomeradas a su alrededor,
ocupadas por un componente poblacional sumido en la miseria y en
la desidia y el cual pasa sus días entre la borrachera y
la misa.
Desde esta perspectiva, Ancizar
retrata las formas de vida contemporáneas de los indígenas-campesinos,
culpa de la degradación a la cual se ven abocados a la iglesia
católica, y plantea como solución una educación
de carácter secular. Esta construcción de lo indígena,
que se verá presente en varios autores a través de
la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, según
la cual los herederos de la gran civilización chibcha después
de la conquista han iniciado un proceso de degradación, fomenta
el estudio de las antigüedades prehispánicas. La idea
es mostrar el avance al cual había llegado esta cultura,
avance que se detuvo con la llegada de los españoles. Por
tal razón, en las descripciones de los viajes es común
encontrar referencias a sitios y objetos relacionados con el pasado
prehispánico. Durante su peregrinación, Ancizar tuvo
la posibilidad de visitar algunas rocas con arte rupestre las cuales
son someramente descritas; solamente la piedra de Gámeza,
Boyacá (Fig. 2, Izq.)
es objeto de interpretación: las figuras grabadas de ranas,
permiten comprobar que los jeroglíficos en ella labrada hacen
mención a un suceso geológico mediante el cual se
produjo un desagüe de la gran laguna que cubría gran
parte de la actual Sabana. Algunas de estas rocas con grabados fueron
reproducidas en acuarelas.
LA CIVILIZACIÓN CHIBCHA
DE EZEQUIEL URICOECHEA
El interés por los antiguos
habitantes de la nación genera los primeros estudios que
buscan describir cómo era la organización de la antigua
civilización chibcha, y, como ya se anotó,
la revaloración de los logros materiales e intelectuales
por ella alcanzada. En 1854 es publicado en Berlín el libro
Memoria sobre las Antigüedades Neogranadinas de Ezequiel
Uricoechea, en este trabajo no hay un aparte que trate específicamente
sobre el arte rupestre, realmente el tema se reduce a algunas citas
de sitios, pero es importante mencionarlo y comentarlo porque muestra
la concepción que sobre los indígenas del país
se gesta luego de finalizado el proceso de emancipación.
El primer aspecto de interés
en el texto de Uricoechea es quienes son para él los antiguos
neogranadinos. No todas las comunidades indígenas son tomadas
en cuenta, a pesar de que para la época ya existía
información sobre muchas de ellas, y solamente los chibchas
merecen este calificativo. Ello obedece al interés propio
del grupo al cual pertenece Uricoechea en cuanto a la necesidad
de construir un pasado prehispánico civilizado. En 1854 existía
en Hispanoamérica un grupo que había liderado y llevado
a cabo el proceso de emancipación de la corona española;
esta emancipación no buscó una total ruptura con Europa
sino que tuvo como objetivo acceder al control político de
los territorios. Los criollos, como se llamaba a este grupo, son
hijos de europeos nacidos en América, y siempre mantendrán
lazos ideológicos y buscarán construir su propia
Europa en América. Para poder llevar a cabo un proyecto
de construcción de nación, era necesario dar cuenta
de un proceso similar al acaecido en el viejo mundo, es por tal
razón que se busca en las culturas precolombinas desarrollos
monumentales, (Aztecas, Incas) que se asimilen a los europeos, (Egipto,
Grecia). Para el caso colombiano el pueblo precolombino más
evolucionado eran los Chibchas, serán ellos los predecesores
de los criollos, los neogranadinos; en oposición a los otros
pueblos precolombinos, no-chibchas, y por tanto menos evolucionados
y en estado de barbarie. La revaluación de la cultura chibcha,
permitió a los criollos probar la existencia de una raíz
civilizada, de la cual ellos eran los herederos, así como
el occidente europeo es el heredero de toda la tradición
de las civilizaciones antiguas, lo que se convierte en el punto
de partida del proyecto de construcción de la nación.
Los criollos son, al igual que los chibchas, el grupo más
evolucionado dentro del territorio colombiano y por tanto el que
tiene la capacidad intelectual para llevar a cabo dicho proyecto.
Es por tal razón que la Memoria sobre Antigüedades
Neogranadinas busca mostrar la existencia de una civilización
que ocupaba en tiempos prehistóricos el territorio actualmente
ocupado por los neogranadinos, civilización que es recuperada
por sus antigüedades, objetos materiales, ya que esta
ha desaparecido.
Esta construcción eminentemente
política dominará buena parte de los estudios sobre
la prehistoria colombiana; lo importante será buscar siempre
los elementos que prueben la existencia de civilizaciones avanzadas.
Es importante recordar que durante esa época el grado de
civilización es medido con base en criterios tecnológicos,
por tal razón todos estos primeros investigadores mencionan
los monumentos de piedra y otras construcciones de carácter
monumental. El origen de los chibchas es explicado por medio
de la migración, y el territorio ocupado por ellos mostrado
como vacío antes de su llegada. Por tal razón, todos
los monumentos del territorio son asignados a esta civilización.
De otra parte, estos primeros estudios, y otros posteriores, se
basan en dos fuentes: las crónicas y los objetos materiales,
para el caso de Uricoechea, un conjunto de tunjos de oro existentes
en Nueva York. Con relación a la primera fuente, se encuentra
en estos primeros estudios una creencia literal en lo expuesto en
ella y aunque son evidentes las contradicciones entre un cronista
y otro no hay un estudio de los intereses que median sus escritos
ni indicio de duda sobre la información utilizada. Los objetos
materiales, como las ollas, las estatuilllas, tunjos y cráneos,
son descritos e interpretados con base en la información
presentada por la crónica.
Cuando habla de los "restos de
la grandeza indiana" Uricoechea menciona la conocida piedra
de Pandi y otra ubicada en la hacienda Canoas (Soacha) (Uricoechea:
1984, p.109). Con su descripción es asignada a los chibchas.
En otro lugar, y haciendo referencia a los tunjos de oro, Uricoechea
dice: "El arte está en todas partes ligado a de una manera
muy especial con la religión, con las ideas de una vida ideal,
de seres sobrehumanos" (Uricoechea: 1984, p. 97). Aunque el autor
no hace mención específica acerca de la relación
entre el arte rupestre y la religión, esta idea general que
es aplicada a la orfebrería puede permitir su aplicación
a su concepción de las artes en general.
EL ANÁLISIS DARWINISTA DE
JORGE ISAACS
A pesar de la gran influencia y
control ideológico ejercido por la iglesia católica,
los postulados darwinistas entraron pronto a Colombia, claro que
ellos no son ampliamente difundidos ni siquiera en la época
actual. Jorge Isaacs llevó a cabo un estudio histórico-geográfico
de la provincia del Magdalena en la década de los ochenta
del siglo XIX. En su libro Estudio sobre las tribus indígenas
del Magdalena, se observa el primer intento interpretativo de
una región observando las culturas nativas desde una perspectiva
darwinista. Por tal razón, es fundamental en el análisis
de Isaacs el estudio del medio ambiente y su influencia sobre el
avance o extinción de las culturas enmarcadas dentro de él.
Isaacs es pionero en algunos campos de la antropología en
Colombia, su estudio incluye la etnohistoria, la arqueología
y la etnografía, que al ser usada para interpretar el registro
arqueológico toma el nombre de etnoarqueología. Aunque,
como él mismo menciona, carece de elementos que le permitan
lograr inferencias más elaboradas, sus descripciones son
importantes ya que tuvo la oportunidad de recolectar datos sobre
comunidades indígenas hoy desaparecidas.
En su recorrido por el Magdalena,
Isaacs encuentra y dibuja algunos jeroglíficos que
son incluidos en planchas al final de su libro. Son variadas las
interpretaciones que sobre el particular se mencionan y ellas están
enmarcadas en las aseveraciones realizadas por otros autores de
su tiempo acerca de los jeroglíficos de América en
general (1).
| 1.Por
ejemplo Nadaillac (1870) y Humbolt (1878). |
También indaga a los sacerdotes
indígenas acerca del significado de algunas de las representaciones
pero se da cuenta del poco recuerdo que sobre estos eventos tienen.
"De los jeroglíficos y emblemas que copié en los adoratorios
recónditos de las montañas, los sacerdotes indígenas,
no obstante la veneración de que son objeto las piedras sagradas,
solo conocen el significado de tres emblemas, los distinguidos en
las planchas anexas con los números 42, 84 y sus semejantes,
y 92 (fig.3). El primero es representación de la divinidad;
el segundo, del sol; y el tercero, un interminable evoluta, de la
eternidad" (Isaacs: 1951, p. 197). A partir de estas tres interpretaciones
las siguientes se basan, como Isaacs mismo aclara, en su propia
especulación. Dos elementos están presentes en las
subsiguientes inferencias, por un lado, la influencia mesoamericana,
que sugiere a su vez la adhesión del autor a las teorías
sobre la migración, y, por otro, el carácter sagrado
y vigente de las rocas con petroglifos que son llamados adoratorios.
De allí que gran cantidad de dibujos sean interpretados como
divinidades con rasgos estilísticos aztecas, toltecas o mayas.
La interpretación Darwinista está ejemplificada en
la lectura que Isaacs realiza de uno de los petroglifos; "... Los
partidarios de la teoría darwiniana podríamos suponer
que la figura número 12 (fig.3), mitad simia y de rostro
muy raro, es representación de la forma que tuvo el animal,
temible como se ve, que precedió al hombre en la escala de
perfeccionamiento (Isaacs: 1951, p.p. 244-245).
 |
|
Fig. 3. Figuras
No. 42,84 92 y 12 de las planchas de Jorge Isaacs. Estudio
sobre las tribus indígenas del Magdalena,
1884
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Otras interpretaciones relacionan
los petroglifos del Magdalena y del territorio colombiano en general
con marcas territoriales, calendarios, relatos de fenómenos
naturales y sitios de encuentro para intercambio. Lo que sí
es claro en el planteamiento de Isaacs es la importancia y seriedad
que a estas manifestaciones asigna. Adelantándose algunos
años a las conclusiones de Vicente Restrepo que se expondrán
a continuación dice: "El carácter emblemático
de la figura 38 contradice más que otras de la colección
el aserto de que la mayor parte de las pictografías americanas,
especialmente las de Venezuela y Colombia, son fantásticas,
o caprichosas labores de los artistas aborígenes. Este complicadísimo
enlace de líneas curvas y rectas para constituir el extraño
conjunto indescifrable, no ha sido obra de puro entretenimiento..."
(p. 250).
LA INCIVILIZACIÓN CHIBCHA
DE VICENTE RESTREPO
En 1895 aparece el libro Los
chibchas antes de la conquista española de Vicente Restrepo.
El objetivo del autor es llevar a cabo una revisión de las
cosas dichas sobre los chibchas y que se basaban en las crónicas
sin ningún tipo de crítica y con base en lo anterior
explicar de forma verdadera el carácter del pueblo
chibcha. Restrepo muestra nuevamente la gran mayoría
de aspectos presentados anteriormente por autores como Uricoechea
y enfatiza en los mismos aspectos (origen, organización política,
dioses y cultos, vestido, adornos, etc.); la diferencia en la que
se centra la revisión de Restrepo busca mostrar que, contrario
a lo establecido por autores anteriores, los chibchas eran
bárbaros y carecían de los atributos de civilización
que se les asignaba. Este libro está, por ende, cargado de
valoraciones negativas sobre aspectos centrales como son las creencias
religiosas, las cuales son calificadas de confusas, diabólicas,
sanguinarias, etc.
Es sin embargo en el libro de Vicente
Restrepo donde se encuentra por primera vez mencionado de forma
específica el tema del arte rupestre. Comienza ella con la
negación por parte del autor de la posibilidad de escritura
por parte de los chibchas, ya sea ésta figurativa,
simbólica o ideográfica, y al respecto anota: "Estamos
muy lejos de convenir con los autores que suponen que representaban
en ellas -piedras pintadas- los indios sus migraciones, sus cacerías
y los cataclismos que pudieron presenciar. Las pocas figuras que
se repiten, siempre en desorden y confusión, y sin que se
observe caracteres que puedan considerarse como jeroglíficos,
ni imágenes simbólicas, prueban que deben su origen
a la fantasía del que las grabó o las pintó
con tinta roja" (Restrepo: 1972, p. 205).
Esta visión del arte rupestre
permite a Restrepo contradecir algunas hipótesis que sobre
él se habían formulado. La primera es la expuesta
por Liborio Zerda según la cual el arte rupestre fue ejecutado
por una raza diferente a los indios encontrados por los españoles;
al respecto, y basado también en las migraciones, Restrepo
ratifica que el territorio ocupado por los chibchas antes
de su llegada era baldío, lo que permite asignar cualquier
antigüedad a los chibchas, además encuentra semejanzas
entre los dibujos de las rocas y los de las mantas y tunjos de oro
de los mismos chibchas. La segunda hipótesis, cuyo
representante es el alemán Bastián, dice que ciertas
pictografías representan planos o cartas geográficas
de la región, lo que no puede ser posible para Restrepo ya
que los dibujos son imperfectos. La tercera hipótesis puesta
en tela de juicio es la descrita por Manuel Ancizar quien infiere
que algunas rocas como la de Gámeza (Boyacá) representan
recuerdos de cataclismos o fenómenos naturales, lo cual no
es posible ya que los aborígenes no los presenciaron, por
un lado, y no se encuentran allí escenas reales que los representen,
por otro. La cuarta hipótesis relaciona las rocas con arte
rupestre con límites entre tribus, lo que es descartado porque
según Restrepo los límites entre los indios son los
ríos y montañas y porque son las circunstancias geológicas
las que realizan la formación de los grandes bloques que
son pintados y por tanto ello están predeterminados. Una
última mención se hace con respecto a las rocas con
inscripciones hispánicas, algunas de las cuales son tomadas
como prehispánicas por autores como Jorge Isaacs.
Continuando con el análisis
del arte rupestre, Restrepo hace la descripción de algunos
sitios asignando estas manifestaciones a los chibchas debido
a su similitud con las formas encontradas fundamentalmente en las
mantas. Termina Restrepo subrayando la imposibilidad de hacer algún
día la lectura de ellas debido a que la incapacidad del indígena
por pintar elementos cotidianos lo llevó a realizar pinturas
desordenadas e informes. "Incurriríamos en cansadas repeticiones
si continuáramos repitiendo tantos y tantos petroglifos cuyas
copias hemos tenido a la vista, y cuyo examen sería enteramente
infructuoso. Nada pueden revelar a la ciencia histórica estos
ensayos de dibujos de ornamento, estas figuras informes de animales
y esos garabatos semejantes a los que traza un niño travieso
e inexperto. Jamás se observa en ellos el orden ni el encadenamiento
que son indicio cierto de una escritura cualquiera. No reproducen
siquiera las mas sencillas escenas de la vida de los indios, v.
gr., una ceremonia religiosa, una pareja humana, una cacería,
dos guerreros que se baten, etc. Los chibchas, que llegaron a vaciar
en oro unas pocas piezas que forman pequeños cuadros de costumbres,
como la balsa hallada en la laguna de Siecha, el guerrero guecha
que parece estar dentro de su fortaleza, el indio tocador de flauta,
etc., no supieron pintarlos ni grabarlos en las piedras, en las
que tampoco trazaron la figura de sus caciques y personas principales,
ni siquiera la del venado, las aves y las fieras de sus selvas"
(Restrepo: 1979, p. 212).
La última idea debió
llevar a Restrepo a otro tipo de análisis ya que es obvio
que si un artista logra representar las escenas cotidianas
en elementos tales como la orfebrería que sin duda requieren
más capacidad plástica, puede fácilmente hacer
un dibujo de ellas. Contrario a esto, la explicación fácil
y elemental, que transmite la incapacidad interpretativa en la incapacidad
misma del objeto, es la vía adoptada por Vicente Restrepo;
una visión tan excesivamente sesgada y llena de prejuicios
producto de su visión cristiana y dogmática trae como
resultado la subvaloración de las elaboraciones indígenas,
el avance que se había dado con Ancizar, Uricoechea e Isaacs,
quienes entendían la importancia del estudio del pasado prehispánico,
es reemplazado por una nueva idea, donde lo atrasado y mundano poco
puede aportar al proceso de construcción de la nacionalidad
colombiana.
El trabajo de Vicente Restrepo logró
su objetivo. Con el descrédito del pasado indígena
se observa una ausencia casi total de trabajos sobre el tema durante
la primera parte del siglo XX. Es solo hasta 1922 con Miguel Triana
que vuelven a florecer este tipo de estudios.
III.LAS TEORÍAS GENERALES
MIGUEL TRIANA, EL ORIGEN DE
LAS EXPLICACIONES
Ante la carencia de investigaciones
sobre la trayectoria de la investigación antropológica
en Colombia, no es fácil rastrear las corrientes teóricas
que influyen sobre el pensamiento de cada uno de los autores mencionados
en el presente texto. Definir, por tanto, el pensamiento de Triana
o encajarlo en algún ismo es arriesgado. Se puede
decir que lo que Triana llama la sociología Chibcha, en su
libro La Civilización Chibcha, se enmarca dentro de
la relación existente entre el hombre y la naturaleza; esta
relación se basa en un profundo conocimiento del medio ambiente,
conocimiento que está presente en la construcción
cultural de los chibchas. El medio ambiente no solo influye
en la constitución física del indígena sino
que es patente igualmente en las elaboraciones intelectuales (religión,
cosmogonía) y sociales (procesos de jerarquización
social). Este proceso de conocimiento y compenetración entre
la sociedad y la naturaleza fue interrumpido por la conquista española
ya que se procedió a implantar un nuevo tipo de diálogo
hombre-naturaleza, por medio del cual se intentó suprimir
el anterior. En la introducción de su libro, Triana resume
su forma de interpretar la civilización chibcha de la siguiente
manera. "El objeto inmediato de este libro es poner de manifiesto
la génesis propia de las ideas matrices del pueblo chibcha,
formado al tenor del terruño, bajo condiciones características
de suelo y de atmósfera, las cuales continuarán definitivamente
como un troquel formando un tipo humano sui géneris. Este
libro pretende en segundo término y como un fin mediato,
echar las bases positivas de la sociología nacional, modeladas
sobre la raza autóctona formada aquí por la geología
y el clima, raza que se impondrá en nuestra demografía
con los atavismos hereditarios, mediante el mestizaje, y por la
colaboración de aquel troquel, persistente y eterno"
(Triana, 1984[1924]: p. 8). Se observa en la última parte
la misma idea expuesta desde los tiempos de Uricoechea: utilizar
el glorioso pasado indígena como elemento eje de la constitución
de la nación.
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Fig.4 Miguel Triana.
Algunas transcripciones del Jeroglífico Chibcha. 1924.
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A pesar de la novedosa perspectiva
por medio de la cual quiere realizar su estudio, Triana se enfrenta
con la limitación de las fuentes, una vez más, la
historia de los chibchas se basa en los relatos de los cronistas.
La organización del libro La Civilización Chibcha
es similar a la presentada anteriormente por Uricoechea y Restrepo,
no obstante, se incluyen aquí elementos nuevos que permiten
realizar la conexión hombre-medio que sería el deseable
para una perspectiva ecologista, si no en un componente difusionista.
Su teoría sobre el arte rupestre, que se sintetizará
finalmente en su libro El jeroglífico Chibcha dos
años después, parte de esta apreciación.
El primer elemento que percibe Miguel
Triana con relación al arte rupestre es la diferente ubicación
geográfica de petroglifos y pinturas. El autor se percata
de que generalmente los petroglifos aparecen en las zonas bajas
del valle del Magdalena y las pinturas en las zonas altas; esta
diferenciación es interpretada como elemento de distinción
cultural, de esta manera los petroglifos corresponden a los caribes
y las pinturas a los chibchas. Aunque los caribes, y por
tanto los petroglifos, no son su tema de estudio, Triana menciona
algunos aspectos respecto al arte rupestre de las tierras bajas
como que los petroglifos tienen un carácter distinto a las
pinturas y en ellos se observa cierta independencia y ordenación
en los rasgos (Triana: 1984, p. 200); asimismo ellos revisten
un carácter más naturalista (p. 201) lo que sugiere
a su vez, ante la representación de asuntos de aspecto
familiar, que los caribes no atribuían un especial motivo
religioso a sus rocas (p. 202). Como la hipótesis de las
migraciones plantea que cada nueva migración trae un grupo
más civilizado y los caribes son posteriores a los chibchas
Triana concluye: "Sin embargo de lo indeterminado de la exposición
petroglífica de los Panches, hemos llegado a sospechar que
estos indios tenían un desarrollo mental superior al de los
Chibchas y que, por consiguientemente, poseían un acopio
de ideas de carácter científico más abundante
que el de éstos."
Como las pinturas son asignadas
a los chibchas, ellas son motivo de un estudio más
amplio por ser este pueblo el objeto de estudio de Triana. Con base
en la comparación con la toponimia, el autor llega a la conclusión
de que las piedras pintadas están situadas en las fronteras,
tanto interiores como exteriores, de los chibchas, y por
ende de los cacicazgos; de allí que la ubicación de
las rocas ocurra frente a los boquerones y puntos estratégicos
de defensa (p. 212). En cuanto a la interpretación como tal,
ellas son la representación de mitos (2),
entendidos como el eje de la construcción cotidiana basada
en las creencias religiosas; por ende, las rocas son adoratorios
o lugares de culto o pagamento y las representaciones pictóricas
muestran estas ceremonias tanto como a los dioses(3).
La piedra de Pandi es un ejemplo de las representaciones de figuras
de mantas, las cuales constituyen uno de los tradicionales objetos
de ofrenda. Pero el eje que articula toda la representación
artística chibcha es la rana, que desempeña
el papel simbólico del alma. No obstante, la necesidad de
simplificar las múltiples escenas llevó a la adquisición
de formas simbólicas de tipo geométrico, paulatinamente
la rana se va convirtiendo en rombo (Fig.6) y la alta frecuencia
de esta figura en las pinturas comprueba la importancia de este
ambiente como son el análisis de los caracteres físicos
de los indígenas del altiplano. El planteamiento de Triana
se fundamenta en la teoría de las migraciones, según
el cual, las diferencias entre grupos se deben a que cada uno de
ellos corresponde a una ola migratoria distinta con diferentes grados
de civilización. Es importante ratificar que para Triana
las diferencias entre los pueblos no se originan en un aspecto evolutivo,
batracio en la mitología chibcha. A este respecto,
Triana, presenta la forma evolutiva como la figura de la rana se
transforma en otra estilística representada por medio del
rombo.
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2.Algunas
piedras grabadas encontradas en territorio chibcha son explicadas
como el resultado de los contactos realizados en tiempos de
paz entre los grupos chibchas y panches. Estos períodos
de paz permiten, que con el intercambio económico se
de el intercambio de creencias, las cuales se sincretizan
en rocas como la de Gámeza en la cual se hallan figuras
caracteríticas de uno y otro grupo.
3.Según
Triana un sitio de culto es aquel donde se realiza una ceremonia;
un adoratorio donde se realizan sacrificios, generalmente
humanos; y un sitio de pagamento donde se realizan ofrendas.
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Fig. 5. Figuras
sueltas de las piedras de "El alto", Hacienda Tequendama.
Plancha XL del Jeroglífico
chibcha, Miguel Triana, 1924.
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La valoración de la civilización
chibcha llevó a Triana incluso a proponer la existencia
de indicios de escritura. Según este autor, el desarrollo
seguido por los chibchas iba desembocando en la utilización
de la escritura pero por alguna razón la direccionalidad
de este tipo de consignación de ideas cambió y se
dejó de complejizar en detrimento de su uso, es decir, al
momento de la llegada de los españoles ya no se utilizaba.
Los indicios de escritura, de origen y carácter fenicio es
atestiguada por medio de las representaciones ordenadas de signos
en algunas piedras con pinturas. Aunque se muestran algunos ejemplos
y caractéres, no hay por parte del autor ninguna traducción
de lo que según él dicen estas palabras.
El primer libro que trata exclusivamente
del arte rupestre para el caso colombiano es El Jeroglífico
Chibcha de Miguel Triana publicado en 1924. En un corto texto
que acompaña 59 planchas, el autor expone en forma resumida
su teoría explicativa de las pictografías, la cual
había sido sugerida en el libro La Civilización
Chibcha. Esta teoría consta de 18 puntos que se pueden
resumir de la siguiente manera.
- La diferenciación entre petroglifos y
pinturas reviste un carácter étnico, los primeros
son elaborados por tribus caribes y los segundos por chibchas.
- La ubicación de las rocas con pinturas
en lugares limítrofes de los chibchas con los panches,
muzos, agataes, guanes y güicanes, permite sospechar que
las piedras pintadas servían de mojones limítrofes
con éstas tribus así como de linderos para la diferenciación
territorial entre los dominios del Zipa y el Zaque; desempeñando
estas manifestaciones un papel defensivo del territorio.
- La ubicación de las rocas supone una función
rogativa (votos y plegarias) y por tanto ellas estaban consagradas
a divinidades tutelares.
- Dentro de las representaciones votivas se encuentran
figuras de mantas ratificando la versión del cronista Simón,
según la cual, a su paso por el territorio chibcha
dejaba sus enseñanzas, entre ellas la de la confección
de mantas, dibujadas en las piedras.
- El tipo de representación es ideográfico
o jeroglífico ya que se busca describir acontecimientos.
- Las ofrendas dibujadas son conducidas por ranas
y ellas representan el alma humana así como el mono es
el cuerpo humano.
- La figura de la rana se deriva en signos romboidales.
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Fig.6.
Transformación del símbolo de la rana. Según
Triana, 1924.
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Las planchas del album de Triana
constituyen el primer intento de llevar a cabo levantamientos precisos
de las manifestaciones rupestres, así como también
se constituyen en el estudio pionero de una zona geográfica
determinada. La asignación étnica de un tipo u otro
de manifestaciones rupestres es de vital importancia ya que la explicación
se hace circular, a partir de allí los petroglifos sirven
para delimitar el territorio de los panches, pero no se resuelve
este problema de manera definitiva.
EL TRABAJO DE MULLER, URIBE
Y BORDA
La teoría de la escritura
postulada por Triana tendrá posteriormente adeptos y detractores.
Los primeros se basarán en algunos signos semejantes a alfabetos
bien sea fenicios, chinos, árabes, etc. y los segundos tendrán
como base el hecho según el cual la gran diversidad de signos
y la poca frecuencia de sus asociaciones impiden que se hable de
escritura. También a partir de Triana surgen posturas intermedias
como la expuesta en 1938 por Muller, Uribe y Borda en la que el
arte rupestre colombiano se encuentra a mitad de camino en el proceso
de invención de la escritura.
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Fig. 7. Figuras
del núcleo de piedras de la Hacienda Tequendama, Municipio
de Soacha. Según Uribe y Borda, 1938. Compárese
con la Fig. 5
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Según Muller, Uribe y Borda
(1938) existen dos formas representativas de los signos, una directa
y otra indirecta. La forma directa, que es más antigua y
primitiva, representa el símbolo mientras que la forma indirecta
representa la estructura fonética del mismo. Lo anterior
divide el arte rupestre en dos tipos: el primero o representativo
en el cual se encuentran figuras humanas y animales así como
representaciones meteorológicas como el sol, y el segundo
o fonográfico donde se incluyen la figuras geométricas
y signos que no representan objetos de la naturaleza. Esta distinción
estará presente en la gran mayoría de los escritos
posteriores y es la base de la diferenciación entre el arte
naturalista y el arte abstracto.
PEREZ DE BARRADAS Y LA TEORIA
DE LAS MIGRACIONES
En 1936 viene a Colombia, por invitación
del Ministerio de Educación Nacional, el arqueólogo
español José Pérez de Barradas, con el objeto
de realizar excavaciones en la zona arqueológica de San Agustín.
Parece ser que para este momento Pérez de Barradas gozaba
de prestigio dentro de la comunidad científica lo cual le
permitió, a través de sus textos, llevar a cabo una
labor de revalorización del papel de España en América
así como de la religión católica. Efectivamente,
en ninguno de sus libros de arqueología pierde oportunidad
de mencionar la benevolencia de España para con sus colonias,
así como para desmentir la tradicional leyenda negra por
la cual se acusa injustamente a España de racismo.
Por otra parte resalta el valeroso papel de las misiones religiosas
las cuales han llevado a cabo la noble labor misional. Por tal razón
no es de extrañar que en lo referente a la investigación
sobre los chibchas su autor preferido sea Vicente Restrepo,
quien a finales de siglo XIX había logrado elaborar una visión
totalmente denigrante del pasado prehispánico colombiano.
Con Pérez de Barradas se consolida, pues, la visión
anticuarista del pasado indígena, y aunque como arqueólogo
está problematizando con diferentes teorías propias
de su tiempo, le resta solución de continuidad al elemento
indígena en la actual constitución de la nación.
En 1941 aparece en Madrid su libro
El Arte Rupestre en Colombia el cual se basa, como ya se anotó,
en las apreciaciones de Vicente Restrepo en lo referente a la crítica
que éste hace a las interpretaciones anteriores (Ancizar,
Isaacs) pero difiere de él en cuanto a que plantea que si
es posible llevar a cabo alguna interpretación del arte rupestre
colombiano.
El objetivo del texto de Pérez
de Barradas es aprovechar el tema del arte rupestre para desarrollar
sus ideas sobre la historia etnológica colombiana y poner
de relieve el papel que tuvieron en la formación de las culturas
indígenas los pueblos arawacos [ sic] (Pérez
de Barradas: 1941, p. 8). La principal fuente para su estudio es
el álbum de Triana del cual transcribe algunas de sus planchas.
Personalmente el autor visitó algunas rocas, principalmente
del sur del país. Para su estudio dividió el país
en 8 zonas geográficas: la Sierra Nevada de Santa Marta y
Bajo Magdalena, la zona de grabados de la región de tierra
caliente de Cundinamarca, la Altiplanicie de Boyacá y Cundinamarca,
la parte baja del departamento del Huila hasta Timaná, la
región arqueológica de San Agustín, el departamento
de Nariño y las vertiente orientales de la cordillera de
los Andes, cuencas del Orinoco y Amazonas.
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Fig. 8. Figuras
de la piedra "La leona", Soacha. Según Pérez
de Barradas, 1941
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Pérez de Barradas enfatiza,
siguiendo a Restrepo, que el arte rupestre colombiano no es escritura,
ni representa cataclismos geológicos, ni linderos, ni son
lugares de mercado. Así mismo califica de ingenua la interpretación
de Triana acerca de la representación de mantas dejada por
Nemqueteba por carecer de alguna confirmación histórica
o etnológica (p. 64), lo cual es bastante contradictorio
ya que Triana utiliza como fuente a los cronistas, así como
Pérez de Barradas los utiliza para mencionar que no había
entre los chibchas escritura, por ejemplo. Otro postulado
de Triana que no es aceptado por Pérez de Barradas es el
de la identificación del tipo de manifestación con
grupo étnico, según éste último, "la
pintura o grabado no puede ser, marcador de diferencias culturales
o cronológicas".
La base de la interpretación
de Pérez de Barradas es el supuesto de que las culturas primarias
o más arcaicas elaboran un arte esquemático, y esta
es la principal característica del arte rupestre colombiano.
Un segundo punto que viene a apoyar esta idea, por medio de la cual
se desmiente la autoría de las pinturas por parte de los
chibchas, es que estos pueblos no pueden dar cuenta de su
significado. El método que puede permitir, por ende, explicar
lo que ocurrió en el territorio en tiempos pretéritos
es el histórico-cultural. Por medio de éste es posible
observar el problema desde una perspectiva dinámica en la
cual una cultura no es otra cosa que el resultado de la influencia
e interrelación de muchas otras que se pusieron en movimiento
por medio de la migración. Este método es empleado
por Pérez de Barradas con base en los planteamientos realizados
por Nordenskiöld quien a principios de siglo había postulado
la existencia de una base arcaica común para toda América
utilizando teorías difusionistas enmarcadas dentro de parámetros
histórico-culturales (Hultkrantz: 1991). Por tal razón,
para el caso colombiano existió una antigua migración
chibcha-arawac procedente de Centroamérica; dentro de ésta,
y debido a la complejidad propia del proceso migratorio, la arawac
es más antigua y cubría la mayor parte del actual
territorio colombiano.
La presencia de pinturas fuera del
área muisca y de petroglifos dentro de ella es un elemento
más que permite a Pérez de Barradas comprobar que
el arte rupestre no fue elaborado por éste pueblo. Si la
tradición artística supera el territorio de los muiscas,
esta tradición debe, por tanto, corresponder a un pueblo
anterior que ocupaba un territorio más amplio, ese pueblo
era el arawac. La conclusión de Pérez de Barradas
es entonces: "Como pueblo autor del arte rupestre colombiano
hay que considerar en primer término a los arawacos, sin
que por el carácter simplista del estilo esquemático
hayan de excluirse a otros pueblos" (p. 83). Esos otros pueblos
son por ejemplo la cultura Agustiniana en donde los grabados en
sepulcros permiten datarlos en un período más reciente.
El último punto que comprueba
la teoría de Pérez de Barradas es la semejanza que
encuentra entre algunas formas ubicadas en Colombia con otras en
donde se sabe también llegó la influencia arawac,
proponiendo un solo estilo: "En el arte rupestre de Colombia
-excepto San Agustín y la roca grabada antes citada- vemos
un solo estilo, correspondiente, con toda posibilidad, a la migración
arawaca, según se deduce con el arte rupestre de la Guayana,
el Brasil y Guadalupe" (p. 84).
No es casual que Pérez de
Barradas no se aventure a realizar una lectura de lo que puede ser
el significado propiamente de las figuras en el arte rupestre. La
adhesión a los puntos de vista de Vicente Restrepo y su afán
por mostrar las bondades de la invasión española a
América traen como consecuencia, nuevamente, la subvaloración
de las posibilidades intelectuales de los indígenas americanos.
Si se revisa con cuidado es posible dilucidar el substrato ideológico
que permite la aplicación de los postulados difusionistas:
una cultura favorecida, por alguna razón, inventa una mejora
tecnológica y la lleva a las otras atrasadas que, lógicamente,
no la tienen. Caracterizar el arte rupestre como producto de migraciones
no involucra ningún bagaje intelectual por parte de las comunidades
que lo producen.
Parece ser que la interpretación
de Pérez de Barradas no tuvo muchos adeptos, ya que la mayoría
de trabajos posteriores seguirán atribuyendo el arte rupestre,
para el caso del altiplano, a los grupos chibchas y se seguirá
pensando en la diferenciación entre pinturas y petroglifos
en términos de diferenciación étnica. El intento
de Triana por llevar a cabo el registro de las manifestaciones rupestres
es dejado de lado en pro del afán de interpretación
general que sólo utiliza algunas figuras aisladas de varios
sitios del país para, por medio del método comparativo,
realizar una elaboración que en nada se basa en el arte rupestre
mismo. Aunque las interpretaciones anteriores a Pérez de
Barradas carecen igualmente de fundamentación, se observa
en estas un intento de encontrar respuestas dentro de las manifestaciones
artísticas, por el contrario, esta última interpretación
no las tiene en cuenta y solamente las usa para probar una teoría
que desde otros campos de la antropología es improbable.
CABRERA ORTÍZ: LA ILUSIÓN
DE LA INVESTIGACIÓN REGIONAL
En 1947 aparece un nuevo intento
interpretativo que modifica en cierta medida la teoría de
Pérez de Barradas. En un artículo titulado Pictógrafos
y Petroglifos, Wenceslao Cabrera Ortíz se adhiere a la
hipótesis migracionista como explicación del arte
rupestre pero plantea que sí existe una diferenciación
basándose en el antiguo postulado de Miguel Triana. Según
Cabrera, los petroglifos son hechos por un pueblo diferente al que
hizo las pinturas, pero ellas no son hechas por los chibchas,
y según Pérez de Barradas, son obra de los arawacos.
Para Cabrera, aparte de la técnica, existen diferencias de
estilo entre los petroglifos y los pictógrafos. Según
él, los primeros son más curvos y los segundos rectilíneos.
Con lo que concluye que los petroglifos son obra de los caribes.
Además de su modificación
a la teoría de Pérez de Barradas, el trabajo de Cabrera
reviste importancia por otra razón, y es que en este artículo
se empieza a plantear la necesidad de un juicioso y completo registro
como paso previo a cualquier interpretación del arte rupestre.
Este registro debe poseer dos facetas: por un lado debe efectuarse
el levantamiento completo de las figuras de cada roca y por otro
el levantamiento completo de las rocas con arte rupestre de una
región, ya que es un error interpretar los signos de una
roca determinada considerándola aisladamente sin sus necesarias
relaciones (Cabrera: 1947, p. 27).
Esta sistematización de los
datos se verá publicada solamente hasta 1969 en un artículo
llamado Monumentos rupestres de Colombia (Cuaderno primero: Generalidades,
Algunos conjuntos pictóricos de Cundinamarca). En él
se mantienen las ideas básicas expuestas en 1947 acerca de
las migraciones y las complementa postulando la existencia de una
fuente original muy antigua a partir de la cual se difundieron las
migraciones, lo que a su vez explica las semejanzas estéticas
entre áreas bastante apartadas. A su vez mantiene la idea
de la diferenciación entre pinturas y petroglifos(4).
| 4. En
1947 Cabrera había postulado que las pinturas eran elaboradas
con achiote, ahora, en 1969 agrega que además pueden
haber sido elaboradas con sangre, no necesariamente humana.
Para los petroglifos anota que anteriormente se le ha puesto
a la roca un pañete sobre el cual se graba y que esto
se realiza principalmente en la parte superior de ella. |
 |
|
Fig. 9. Pinturas
de la roca Cu-Sha-19, Hacienda Tequendama, Soacha, según
W. Cabrera Ortiz. Compárense con las figs.5 y 7.
|
Sin embargo, la explicación
de Cabrera está cargada de elementos valorativos acerca de
los pueblos que realizaron el arte rupestre, "... en todo caso
hemos de tener siempre presente la mentalidad eminentemente sencilla
y elemental de los pintores o grabadores y por tanto no podemos
pedir o esperar grandes descubrimientos del tipo de los jeroglíficos
egipcios o mayas sino tal vez únicamente ideogramas muy ligados
a la figura del mono o mico y el espiral para los petroglifos, y
los rombos, grecas, cruces, y figuras rectilíneas para las
piedras pintadas. En la interpretación tiene que guiarnos
los conceptos de culto, alimento, caza, muerte, relaciones, ofrendas,
conjuros, migraciones, etc., ya que son ideas fundamentales para
los pueblos arcaicos y lógicamente sus expresiones rupestres
tendrán mucho que ver con ellas" (Cabrera: 1969, p. 92).
Para el autor no se puede intentar explicar el arte rupestre por
medio de los evolucionados conceptos de occidente y, por tanto,
la interpretación debe basarse en los elementos primarios
antes mencionados. La crítica que hace a las interpretaciones
anteriores según la cual los autores con mentalidad estética
clasicista, con gran confusión interpretativa, ven unos ideas
religiosa, otros mantas, otros linderos, etc. se vuelve contra él
mismo cuando plantea las posibilidades primarias de interpretación
así como la circularidad artística por medio de la
cual se parte de lo elemental para llegar a lo elemental (p. 104).
En el artículo de 1969 Cabrera
registra 13 zonas con pictografías en el departamento de
Cundinamarca. Tal como lo había anotado en 1947 enfatiza
la necesidad del buen registro como condición previa a la
interpretación y señala la importancia de dibujo sobre
cualquier descripción escrita. El objetivo final de Cabrera
es la realización de monografías por departamento
para, cuando estuviera terminado el catálogo colombiano,
proceder a la comparación con otros países de América.
Pero esto se queda solo en la intención ya que la calidad
del registro supera muy poco la de Triana hecha en 1922. Wenceslao
Cabrera tampoco copia totalmente las figuras de las rocas que visita
ni incluye elementos técnicos como podrían ser la
escala o la ubicación de las pinturas en la roca, por lo
que termina prevaleciendo el criterio de la figura más grande
o clara de cada roca (5).
| 5.
A pesar de ello no se debe olvidar que Cabrera realizó
por primera vez el levantamiento, bastante preciso, de la gran
roca de Sasaima en la cual implementó avances como el
uso de la cuadrícula. |
Son apenas obvias las razones por
las cuales el proyecto de Cabrera nunca se llevó a cabo:
el desinterés total por los monumentos prehispánicos
por parte de las entidades estatales y centros educativos. Cabrera
proponía la conformación de grupos departamentales,
con estudiantes de colegios de los pueblos que llevaran a cabo la
labor de registro, lo cual no sería difícil si los
profesores de provincia salieran del letargo en el cual se sumergen
una vez obtenido su nombramiento, hoy día se puede dar testimonio
de que los intentos por involucrar a la comunidad estudiantil de
provincia en la labor de registro y documentación es todavía
difícil.
Por otra parte, en la misma revista
en que se publicó el artículo de 1969 aparece un informe
sobre la excavación de los abrigos rocosos del Abra por parte
de Correal, Hurt y Van Der Hammen. Ella es el inicio de una nueva
etapa en la investigación arqueológica en Colombia
en que se accederá casi definitivamente a métodos
y criterios científicos por medio de los cuales se construirán
interpretaciones más elaboradas sobre el pasado prehispánico.
En éste informe se mencionan someramente las pictografías
presentes en las paredes de algunos abrigos y se inicia también
la nueva relación entre arte rupestre y arqueología.
A partir de aquí, en una gran cantidad de informes sobre
excavaciones se hará referencia a rocas con arte rupestre,
se harán descripciones, y en algunos casos se adjuntarán
fotos ilegibles y dibujos que parecen, como los llamaría
Restrepo, garabatos semejantes a los que traza un niño travieso
e inexperto. Se continuarán repitiendo las hipótesis
de Triana y toda la discusión presentada entre estos autores
no se tomará en cuenta. Por ende, no será raro encontrar
interpretaciones del tipo linderos, mercados, etc.
LA INFLUENCIA DE PAUL RIVET
La influencia de la teoría
sobre el origen del hombre americano postulada por Paul Rivet en
los primeros años de la década del cincuenta, se percibe
claramente en algunas interpretaciones sobre la configuración
de las culturas americanas, es este el caso de Louis Ghisletti.
Al igual que Rivet, Ghisletti, basa sus postulados fundamentalmente
en el análisis lingüístico complementándolo
con aspectos de la antropología física y las semejanzas
en la cultura material con base en los datos provenientes de melanesia
y polinesia.
Es por tal razón que las
interpretaciones de Ghisletti sobre el arte rupestre del altiplano
cundiboyacense están basadas en comparaciones con la iconografía
y mitología de lugares tales como la Isla de Pascua. Respecto
a la filiación del arte rupestre dice: "En cuanto a las
representaciones rupestres en si, estimó que conviene buscar
su origen hacia el lado de la migración melanesia, a la cual
Rivet atribuye una antigüedad americana de veinticinco siglos
" (Ghisletti: 1954, p. 36). Este componente antiguo se desarrolla
y posteriormente va a ser parte de la iconografía muisca,
donde tiene su máxima expresión (pp. 35-36). Como
era de esperarse, el uso de las analogías etnográficas
y la lectura de las interpretaciones anteriores llevan a Ghisletti
por el mismo camino interpretativo, el sentido mágico del
arte rupestre.
En el libro Los Mwiscas una gran
civilización precolombina Ghisletti (1954) presenta la
más grande lista de zonas con arte rupestre conocida hasta
el momento. La compilación es realizada con base en trabajos
anteriormente publicados por otros autores y nuevos sitios visitados
por él o por personas que le han suministrado los datos.
Aparte de la mención de las zonas, esta lista carece de alguna
utilidad ya que casi en ningún caso se presenta la ubicación
exacta, mucho menos levantamientos de rocas o dibujos de las figuras
presentes en ellas. Realmente, para investigadores posteriores,
de nada sirve saber que existe una roca con pinturas en el pueblo
de Une, si no existe el mas mínimo indicio para llegar a
ella.
Por otra parte se puede agregar
que Ghisletti es, en cierta medida, pionero en los análisis
tipológicos cuando realiza estudios de frecuencias de determinadas
figuras con relación a su distribución regional basado
en la diferenciación entre el territorio del Zipa y del Zaque.
Como ocurre tradicionalmente con los análisis de este tipo,
a parte de diferencias de distribución en las cuales cierta
forma aparece más o menos en determinada zona, el análisis
de Ghisletti no hace otra cosa que mostrar la ingenuidad de la investigación
cuando quiere acceder a un ámbito propiamente científico.
EL TRABAJO DE ANTONIO NUÑEZ
JIMÉNEZ
En el lapso comprendido entre las
dos publicaciones de Wenceslao Cabrera aparece la conocida obra
de Antonio Nuñez Jiménez sobre las pinturas del cercado
del Zipa en Facatativa (1959). Esta monografía, realizada
por uno de los más importantes investigadores del arte rupestre
en América, es explicada por el hecho de ser el parque de
Facatativa uno de los sitios conocidos hasta ese momento con mayor
concentración de pinturas, más de 60 murales.
La explicación de Nuñez
Jiménez gira en torno a la frecuente presencia de la figura
de la rana en los murales de Facatativá y la simbología
asociada a éste batracio. A pesar de que el autor muestra
la imposibilidad de asignar las pinturas a los muiscas, utiliza
la mitología de éstos y de otros grupos indígenas,
no solo colombianos sino también americanos y del viejo mundo,
para desentrañar el sentido o significación que la
rana tiene para estas comunidades. El análisis de las mitologías
permite a Nuñez Jiménez relacionar la representación
de la rana con el agua, y más precisamente con la llegada
del agua; lo que indica la relación de la rana con las medidas
estacionales anuales que sirven a los indígenas para organizar
los ciclos de cultivo. De allí que la figura de la rana esté
estrechamente relacionada con la del sol y la luna. Esta facultad
meteorológica asignada a la rana es constatada con ejemplos
puntuales de la mitología de diversas comunidades alrededor
del mundo.
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Fig. 10. Levantamiento
topográfico de las "piedras de Facatativá".
Por el cubano Antonio Nuñez Jimenez. 1959.
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La interpretación de Nuñez
Jiménez presenta problemas en su fundamento como es el hecho
de que nada asegura que las figuras representadas sean efectivamente
ranas, aunque sin duda algunas representaciones son bastante sugerentes,
existen asociaciones que permiten pensar que la figura básica
de la cual se deriva puede resultar incluso en la representación
de seres humanos (véase por ejemplo Urbina: 1991, 1994).
Un segundo elemento problemático tiene que ver con la asignación
cultural implícita en las analogías míticas;
en efecto, los casos expuestos corresponden a comunidades agrícolas
en las cuales estas relaciones estacionales con los cultivos tienen
preponderancia. No se sabe, por ejemplo, el significado que la rana
puede tener en grupos de cazadores-recolectores pero es posible
pensar en que el significado es distinto, si es que lo hay. Por
último, el uso de analogías etnográficas como
método de investigación presenta la vía según
la cual todo se relaciona con todo, ello permite a Nuñez
Jiménez abordar ejemplos de grupos con desarrollos tan disímiles
como son los egipcios o los mayas para el caso americano. Como ya
se ha anotado, este tipo de interpretaciones se basan en el supuesto
de la existencia de un substrato ideológico-simbólico
que permite entender a la humanidad como un sistema homogéneo
y coherente, en detrimento de las posibilidades de diversificación
cultural.
LA ESCUELA DE PAUL RIVET
La llegada de Paul Rivet marca una
nueva etapa en la antropología en Colombia. La fusión
del Servicio Arqueológico Nacional y el Instituto Etnológico
Nacional en 1945 permite direccionar la investigación así
como la formación de figuras tan importantes como Gerardo
Reichel-Dolmatoff, Luis Duque Gómez y Eliécer Silva
Celis; ellos serán los encargados de iniciar el trabajo científico
de la arqueología colombiana y dominarán el campo,
en algunos casos, hasta la época actual. Durante su estadía
Rivet logró instaurar una escuela, lo cual no se volverá
a repetir en la historia de la antropología en Colombia;
aunque son patentes las dificultades que acarrea el dominio de una
escuela, es importante anotar que ella logró un dinamismo
en la investigación que difícilmente se alcanza hoy
día.
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Fig. 11.
El profesor Paul Rivet y el
ministro de Bélgica junto a un petroglifo en San Agustín,
Huila, 1938. Archivo fotográfico Gregorio Hernández
de Alba.
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Las investigaciones de Eliécer
silva Célis centraron en el área arqueológica
chibcha, más concretamente en Sogamoso donde posteriormente
fundará un museo arqueológico. En 1961 publica un
artículo sobre las pinturas rupestres de Sáchica en
el cual esboza sus opiniones generales sobre la interpretación
del arte rupestre; ellas se verán finalmente expuestas en
su informe sobre los petroglifos del Encanto
(Caquetá) en 1963 y resumidas posteriormente en un texto
titulado Arqueología y Prehistoria de Colombia en
1968.
En su texto de 1961 Silva Celis
dice: "En Sáchica, al igual que en las demás rocas
y piedras pintadas del territorio chibcha, las verdaderas representaciones
no son abundantes. La gran mayoría de los dibujos pintados
corresponden a símbolos que sugieren o permiten evocar objetos
o ideas abstractas, en conexión con la magia y con la religión"
(Silva: 1961, p. 19). Tres ideas centrales se desprenden del anterior
párrafo: que diferencia entre el arte naturalista o realista
y el abstracto y encuadra la mayor cantidad de representaciones
en la segunda categoría; que atribuye las pinturas de Sáchica
fundamentalmente a los chibchas; y que el significado guarda
un carácter mágico-religioso. En cuanto a la primera
cuestión, a pesar de la caracterización de arte rupestre,
ello no le impide identificar elementos como el sol y las plantas,
lo cual contradice su planteamiento inicial ya que un arte abstracto
no puede ser leído en términos de elementos de la
naturaleza. En cuanto a la segunda idea Silva Célis la ratifica
cuando dice: Los motivos pintados en rojo y blanco (6)
revelan dos épocas distintas de ocupación del lugar
por los chibchas o muiscas, a los cuales pertenecen en su
mayoría, estos pictogramas" (p. 20). Sin embargo las pinturas
en color negro son para el autor muy antiguas y fueron elaboradas
por un grupo anterior al chibcha, posiblemente el arawac.
| 6. El
mural de Sáchica presenta pinturas en tres colores: rojo,
blanco y negro. |
En relación con la tercera
idea, la cual compete propiamente a la interpretación del
significado del arte rupestre, Silva Célis se basa en analogías
tanto con los datos sobre los muiscas como los de otras comunidades
de Colombia y de América. A partir de allí elabora
una explicación de tipo meteorológico, según
la cual, la necesidad de controlar fenómenos naturales lleva
a la elaboración de ritos mágicos dirigido tanto a
los antepasados como a las divinidades; así mismo el fenómeno
de la fertilidad, preocupación frecuente entre estos grupos
busca ser controlado o ayudado por medio de la magia.
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Fig. 12. Fotografía
del petroglifo "El Encanto", Caquetá. Por
Eliecer Silva Celis, 1963.
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Más elaborada es la explicación
presentada en 1963 para los petroglifos del Encanto (Caquetá)
aunque sigue los mismos parámetros mencionados anteriormente.
Se puede resumir el planteamiento de Silva Celis en los siguientes
puntos:
- El arte rupestre representa el culto a los espíritus
de los antepasados; ellos son dibujados en las rocas y ante tales
figuras se realizan actos propiciatorios, sacrificios y ofrendas.
- También está presente la preocupación
por la fecundidad; los ritos mágicos se encaminan a propiciar
la fecundidad no solo humana sino también del suelo.
- El tipo de representación puede incluir
la narración de acontecimientos importantes relacionados
con la fecundidad humana, un parto por ejemplo.
- Los animales que aparecen se relacionan con ritos
agrarios y, por tanto, de fecundidad. También pueden ellos
representar espíritus tutelares o de los antepasados.
- A pesar de la representación de animales
no parece existir la magia de caza.
- Las aves están relacionadas con fenómenos
meteorológicos como el viento.
- Los ideogramas, o signos abstractos, como las
espirales, son emblemas de fenómenos meteorológicos,
en este caso el viento, o símbolos de los espíritus
de tales fenómenos.
- Otros elementos como son los pozuelos y los surcos
se relacionan con ritos al agua.
A todas estas conclusiones llega
Silva Célis por medio de las analogías. Para este
caso concreto, estas analogías son excesivamente generalizantes
y en verdad se podrían realizar con cualquier lugar del mundo;
hoy se sabe que la espiral está presente en todos los continentes,
pero ello no autoriza a pensar que su significado sea el mismo.
Como el origen de esta interpretación se encuentra en problemas
ecológicos el autor salva la conexión mencionando
que los medioambientes de las culturas comparadas (entre ellas el
Valle del Magdalena, la Guajira, el orinoco-amazonas y las montañas
andinas) son semejantes!. Por otra parte estas apreciaciones están
basadas en culturas que se ubican en formaciones sociales que no
son constatables para el arte rupestre; por ejemplo, el culto a
la fecundidad del suelo está relacionado con sociedades agrícolas
pero no es posible comprobar que los petroglifos sean elaborados
por este tipo de comunidades u otras anteriores, máxime cuando
los recientes estudios arqueológicos en la amazonía
están hallando un poblamiento muy anterior al anteriormente
postulado.
El gran trabajo documental llevado
a cabo por Silva Celis carece por tanto de fundamento, una interpretación
de este tipo implicaría que existe en toda América
una unidad ideológica a nivel geográfico y cronológico
(7). No existe ninguna razón
o comprobación para el hecho de que una espiral dibujada
en una cerámica en el área Muisca tenga relación
con otra grabada en una roca en el Caquetá y más aún,
que puedan tener el mismo significado; lo cual es más complejo
si se plantea la posibilidad de un arte influenciado por factores
medioambientales a sabiendas de las grandes diferencias existentes
en las distintas zonas colombianas y americanas.
| 7.
Ponemos a continuación un ejemplo
del tipo de conexión realizado por el autor. "De la espiral
en sus conexiones con los vientos, el humo, las nubes, las lluvias,
el sonido, etc., nos ofrecen excelentes enseñanzas diversas
piezas arqueológicas colombianas. Su constante figuración
en torteros chibchas y quimbayas, por ejemplo, as’ como en rodillos
o pintaderas, nos señala su vinculación al movimiento
giratorio; en los vasos silbantes, ocarinas y sonajeros, al
sonido; su unión a figuras ornitomorfas en arcilla, piedra
u oro, la vincula con los vientos; su agrupación con
ideogramas de estrellas, soles, rayos, etc., indica una conexión
con elementos y fenómenos celestes; como expresión
o símbolo de la nube y el humo, la muestra elocuentemente
la cerámica arqueológica de Sogamoso, etc." (Silva:
1963, pp. 60-61) |
En cuanto a la explicación
arqueológica, Silva Célis está pensando también
en la teoría de las migraciones y la difusión. El
arte rupestre hace las veces de hitos en las vías de acceso
y retroceso de las migraciones karib y arawac, fundamentalmente
los primeros (Silva: 1968, p. 143). Sinembargo, y a sabiendas de
que los postulados sobre las migraciones karib plantean que son
tardías, propone que un buen número de símbolos
se originan durante el período formativo; lo cual permite
pensar en cierta continuidad que llega hasta las altas culturas
(pp. 143-144). Esta idea también es expuesta en otro artículo
donde plantea, con base en las semejanzas iconográficas de
una roca encontrada cerca a Florencia (fig.12), las migraciones
de los grupos de la cultura agustiniana hacia el oriente por medio
de la vía del río Caquetá (Silva: 1963).
IV. LA IMPOSIBILIDAD EXPLICATIVA
LA SEPARACIÓN ENTRE LA ARQUEOLOGÍA
Y EL ARTE RUPESTRE
En 1965 aparece el primer tomo de
la Historia Extensa de Colombia, en él Luis Duque
Gómez realiza una síntesis del desarrollo prehispánico
colombiano incluyendo todos los conocimientos que hasta este momento
se tienen acerca de las distintas culturas arqueológicas
y de sus elaboraciones materiales. Se plantea en este trabajo una
regionalización cultural prehispanica de Colombia basada
en criterios medioambientales así como una organización
cronológica con base en estadios evolutivos. Es de resaltar
el esfuerzo que hace Duque para relacionar una gran cantidad de
datos con los postulados teóricos propios de la época,
las migraciones, las áreas arqueológicas, los criterios
medioambientales, etc.
No se podía dejar de lado
en esta recopilación de elementos arqueológicos el
arte rupestre respecto al cual Duque concluye que: "Sobre el
arte rupestre prehistórico colombiano, nada se puede afirmar,
pues en definitiva, en relación con el significado de sus
símbolos y con la época en que fueron labrados o pintados
tales signos en las rocas y acantilados de varias regiones del país"
(p. 221.).
La presentación que hace
Duque del tema es por tanto modesta y no se atreve a lanzar teorías
ni vías de interpretación, solamente se describen
algunos trabajos realizados al respecto y algunas características
propias de este tipo de representaciones. No obstante el autor no
resiste la tentación de dejar sentada su idea sobre el seguro
significado del arte rupestre; "Con todo y lo anterior, se tienen
ya algunas interpretaciones al respecto, como la de que tales vestigios
arqueológicos tienen un carácter eminentemente simbólico;
con la expresión de creencias mágico-religiosas de
los aborígenes y en general del hombre primitivo, en todas
partes del mundo". Estas ideas concuerdan con las ya presentadas
por Silva Celis las cuales suponen unidad y continuidad en el hombre
primitivo y que permite interpretar todo el arte bajo un solo elemento.
También esta idea supone, como se ha anotado, que todo en
el llamado hombre primitivo es religión y que, efectivamente,
se encuentra atrapado en un mundo mágico. Esta generalización
lleva a Duque, por último, a mencionar conexiones como la
significación de la espiral con la fecundidad, el triángulo
con el sexo femenino, el círculo con la luna y la rana con
las deidades acuáticas.
Con la mayor cantidad de antropólogos,
producto de la creación de carreras de antropología
en distintas universidades del país, se aumenta y diversifica
el campo de acción e investigación. No ocurre así
con el tema del arte rupestre el cual sufre un casi total abandono
que llega hasta nuestros días. La razón se debe a
la imposibilidad de conexiones reales por medio de las cuales lograr
explicaciones más verídicas. La dificultad para datar
las manifestaciones rupestres y de realizar una lectura lineal de
los dibujos parece cerrar cualquier posibilidad de interpretación.
No existe durante mucho tiempo algún proyecto que específicamente
investigue bien sea en el campo o teóricamente el tema del
arte rupestre en Colombia, la solución adoptada por los arqueólogos
es el denuncio de estaciones rupestres en áreas aledañas
a sus excavaciones en algunos casos acompañados de fotos
y dibujos de las figuras. Como bien lo plantea Becerra (1990) la
descripción con palabras sustituye el registro gráfico,
por tal razón serán ahora frecuentes las reseñas
de sitios donde las palabras comunes son tectiforme, votivo, zoomorfo,
antropomorfo, ornitomorfo, antropozoomorfo, espiraliforme, serpentiforme,
las cuales, en realidad, no dicen nada. La disculpa de los arqueólogos
es que éste no es el tema de investigación.
En 1975 aparece un levantamiento
de parte de los petroglifos ubicados en el lecho del río
caqueta realizado por Elizabet H. R. von Hildebrand. Comparado con
trabajos anteriores, y con muchos otros posteriores, se observa
un cuidado especial en los levantamientos dado por el uso de cuadrícula,
escala, planos de ubicación geográfica y aceptable
fotografía; además es uno de los primeros trabajos
en donde se realiza el calco de todos los dibujos presentes en la
roca, lo que es meritorio si se tiene en cuenta la cantidad de formas
y el tamaño de las rocas del río caqueta.
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Fig. 13. Documentación
del sitio "La pedrera" por Elizabet H. R. von Hildebrand.
Detalle. 1975.
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En cuanto a la interpretación
de las manifestaciones rupestres la autora hace un voto de honestidad
aceptando que: "Por reconocer las limitaciones de analizar las
figuras según un código etnocentrista (i.e. occidental)
y la incapacidad de comprender los símbolos de una cultura
totalmente diferentes a la mía, me limitaré en este
estudio a describir y situar las figuras, absteniéndome de
interpretarlas. Concluyo sin embargo, que se trata de un arte figurativo
(no realista ni naturalista en nuestros términos culturales)
bastante evolucionado, que estaría transmitiendo imágenes
simbólicas quizá referentes a una cosmología
compuesta de conceptos muy elaborados, fruto de una larga tradición.
Los grabados no se pueden asociar a una escritura pero sí
quizás a una picto-ideografía o mitografía
no-lineal" (Von Hildebrand: 1975, pp. 304-305). No es claro,
por tanto, el concepto de interpretación manejado por la
autora ya que señalar este arte como figurativo en términos
de evolución es una forma de interpretación; también
lo es plantear la posibilidad de representaciones míticas.
Incluso la descripción misma es interpretación ya
que decir que una figura es una cara o es zoomorfa está asignando
un concepto valorativo y le está dando significado. Esto
es importante porque a través de varios trabajos se observará
esta misma tendencia descriptiva que plantea, como ya lo había
hecho Duque Gómez, la falta de elementos interpretativos
mientras se realizan descripciones por medio de las cuales se busca
suplantar el registro gráfico o levantamiento de las estaciones
rupestres.
La tendencia definitiva de lo que
serán las referencias a los sitios con arte rupestre se encuentra
plasmada en el trabajo sobre los abrigos rocosos del Tequendama
llevado a cabo por Gonzalo Correal y Thomas Van Der Hammen y publicado
en 1977. La investigación arqueológica llevada a cabo
en este trabajo es verdaderamente excelente y se ha convertido en
la base para los subsiguientes estudios sobre el período
precerámico en Colombia. La metodología propuesta
así como la utilización de distintas técnicas
de análisis permiten obtener resultados que han contribuido
al esclarecimiento de aspectos tales como la dieta, el utillaje,
la complexión física, las prácticas funerarias,
etc., que a su vez han permitido entender la forma de vida de los
antiguos cazadores-recolectores del altiplano.
En el libro Investigaciones arqueológicas
en los abrigos rocosos del Tequendama, los investigadores dedicaron
una página para referenciar el arte rupestre de la región.
Son someramente descritos 8 conjuntos de pictografías en
términos tales como motivos cruciformes, líneas
onduladas concéntricas, figuras esquemáticas
zooantropomorfas, motivos caliciformes, etc. No se presenta
ningún levantamiento o fotografía de las pictografías.
El contraste entre la calidad de la excavación arqueológica
y el trabajo referente al arte rupestre ubicado en las paredes de
tales abrigos rocosos parece explicarse por la asignación
cultural que los autores realizan. Al respecto Correal y Van Der
Hammen concluyen que: "Estos motivos se encuentran igualmente
representados en los elementos decorativos de la cerámica
Muisca (Chibcha). Por este motivo consideramos que cronológicamente
las pictografías del Tequendama se pueden correlacionar con
la época cerámica Muisca, y su edad sería entonces
menor que 2.000 o 2.500 años" (Correal y Van Der Hammen:
1975, p. 165). Por tanto, la atribución de las pictografías
a un período que no corresponde al investigado les resta
interés; la correlación hecha con la cerámica
Muisca como medio de datación es tomada como elemento vector
dejando de lado otras relaciones que para el caso pueden ser igualmente
válidas como es el hecho del hallazgo de ocre en algunos
restos óseos correspondientes a los niveles de ocupación
precerámicos y su interpretación como señales
de rituales funerarios (p. 125).
En posteriores trabajos llevados
a cabo por Gonzalo Correal se mantiene la misma tendencia en el
tratamiento de tema del arte rupestre, en los casos en que éste
se encuentra en los abrigos rocosos excavados: no se llevan a cabo
levantamientos y se correlacionan las pinturas con elementos Muiscas
(Véase por ejemplo: Correal: 1979, pp. 233-234).
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Fig. 14. Panorámica
del sitio de excavaciones en los abrigos rocosos del Tequendama.
Correal y Van der Hammen, 1977.
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Por otra parte, están los
trabajos que con una pequeña base documental realizan interpretaciones
un tanto apresuradas. Un buen ejemplo al respecto es la teoría
explicativa de los petroglifos elaborada por Juanita Arango
(1974) en su monografía de grado titulada Contribución
al estudio de la historia de los Panche. Excavaciones arqueológicas
en la zona del Quinini. No es clara la cantidad de rocas visitada
por la autora en la zona mencionada ya que no hay levantamientos
ni ubicación exacta de yacimientos pero se puede concluir
que no pasa de 10. El trabajo parte de una premisa bastante problemática
y es la asignación de todas los elementos arqueológicos
de la zona a los panches (a pesar de que para esa época ya
se había establecido un horizonte cultural anterior por parte
de Sylvia Broadbent en 1971) lo cual permite a Arango asignar literalmente
los petroglifos a los Panches.
Arango observa algunas similitudes
en las rocas visitadas entre las que se encuentran las interconexiones
de las figuras, los canales de los lomos de las rocas que se dirigen
hacia el declive, la ubicación de las figuras zoomorfas y
antropomorfas en las partes altas, el criterio de grabado sobre
una extensión plana e inclinada suficientemente grande, la
poca cantidad de formas, entre otros aspectos. Por lo concluye que:
"La respuesta más plausible, creemos, a la pregunta que
nos hemos formulado durante mucho tiempo es que los grabados estaban
asociados a un ritual conectado con el correr de un líquido"
(Arango: 1974, pp. 241-242). En efecto, la presencia de canales
en los lomos de las rocas y de otros elementos como pequeñas
pocetas y la conexión entre estos canales se relacionan con
un ritual de líquido. Cuando se pregunta el tipo de líquido
descarta a la sangre por varias razones y más bien propone
que es el agua y muy posiblemente el agua lluvia. Por tanto, los
petroglifos se relacionan con el culto al agua.
La simple observación de
una muestra un poco mayor de rocas con petroglifos permite desmentir
todos los postulados sobre los que se basa la teoría de Arango.
Los canales no son exclusivos de los lomos de las rocas y no en
todos los casos se dirigen hacia el declive, las figuras antropo
y zoomorfas se encuentran en todos los lugares de las rocas, la
forma de las rocas grabadas es diversa, así como las figuras
presentes en la zona de Tibacuy (municipio donde se encuentra el
cerro del Quininí), etc. Tampoco se puede probar que las
rocas no hayan sido utilizadas para rituales hidráulicos
pero lo que sí es claro es que esta explicación es
general y no se acomoda a los casos particulares, por ende, un caso
particular contradice la teoría, cuando la teoría
misma es planteada en términos restringidos y sin suficiente
fundamentación. Otros elementos más generales tampoco
pueden ser probados; no hay ningún elemento de juicio que
permita asignar los petroglifos a los panches y aunque fueran ellos
los artífices nada prueba que realizaran cultos al agua.
En la década de los ochenta,
la producción literaria en arqueología aument |